
No se trata del valor de jugarse la vida como en los tiempos de exploradores y conquistadores, pero en el mundo de la empresa, concretamente de la empresa hostelera, también hay valientes que abren nuevos caminos.

En el caso que nos ocupa, esa valentía les viene de serie. Lo decimos porque Mamá Celia, el establecimiento que revoluciona la facha marítima de Fisterra, porta el nombre de una persona singular.
Mamá Celia era Celia Rivas, una joven fisterrana que, al caer enfermo su padre, se vio obligada a tomar los mandos de la empresa familiar, Peixes Rivas. ¡Y vaya si lo hizo! Con solo 20 años sacó el carné de conductora de camión, convirtiéndose en la primera mujer de España dedicada a esta actividad.
En plena postguerra desarrolló un trabajo incansable, transportando los productos de nuestro mar a Madrid y Barcelona. Gracias a Celia y a otras personas como ella los pescados y mariscos de Galicia pronto se hicieron acredores de una merecida fama. Su determinación, liderazgo y capacidad de gestión hicieron posible que la pequeña empresa familiar pasase a contar con un personal de 300 trabajadores. Esta valentía es la que convirtió a Celia en un ejemplo que ahora sus descendientes muestran como un orgulloso estandarte.
De la venta al por mayor, a la venta al por menor. “Muy al por menor”, porque lo que propone Mamá Celia no son grandes “mariscadas”, para eso la localidad de Fisterra ya ofrece otras alternativas. Su propuesta son pequeñas raaciones, pequeños caprichos que te puedes dar en su establecimiento o paseando por las calles del pueblo. Degustar una pequeña bandejita con percebes, probar unas frituritas de la ría, unas zamburiñas en tempura…


En provincias del sur existe algún ejemplo similar de este tipo de negocio, establecimientos que hacen desfilar a sus clientes con cornetes de pescaditos fritos, la diferencia aquí es evidente, casi huelga comentarla, pero hay que hacerlo: aquí del producto de que hablamos es del marisco gallego. Ninguna broma.
Y tuvieron otro detalle valiente más. Denominan a su negocio como fast food (“o fast food del mar”) y adoptan algunas de sus características, como los turnos para encargar y recibir el producto. Ahí los responsables de Mamá Celia ya rozan la audacia: el concepto de “fast food” no goza de buena reputación, incluso sus máximos representantes mundiales rehúyen de él y prefieren hablar de “servicio rápido”. Pero, ¿por qué negar lo que es cierto? El marisco se prepara en un instante, realmente la comida está preparada de forma rápida. Pues digámoslo sin ataduras. No se corre ningún riesgo, porque de todos modos lo que se va a quedar en nuestro paladar será la calidad de los productos.
Para finalizar el proyecto, el envoltorio es excelente. El establecimiento, de dos plantas, tiene un diseño modero, luminoso y funcional. Las vistas sobrevuela el puerto y nos lleva mucho más lejos, hasta el Monte Pindo, el Olimpo gallego.
La reforma del antiguo local en el que trabajó Celia Rivas, combinó perfectamente las viejas paredes con las enormes ventanas. No nos sorprendería encontrarlo proximamente como finalista de los premios del Colegio de Arquitectos de Galicia. Será solo tu apetencia lo que te hará elegir entre consumir en el local o hacerlo por las calles de Fisterra.

Nos encontramos, por tanto, con el primer ejemplo de un “fast sea food”. Un caso único, que ya está en proceso de desarrollarse en otras localidades en formato de franquicia, que merece todas las bendiciones y que ya apunta maneras de éxito seguro. Así se lo deseamos a uno de los más originales proyectos apoyados con las ayudas europeas que gestiona el GALP Costa Sostible.

Mamá Celia estaría orgullosa.
Mamá Celia Sea Food está en Paseo da Ribeira, 15 – Fisterra.
www.mamaceliaseafood.com






